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Bitter End. Amargo Final. Debe haber pocos lugares en el mundo con un nombre tan apropiado para disimular sus encantos. Sin embargo, una mirada a las cartas marinas revela por qué: este pequeño y exclusivo refugio náutico, ubicado en el extremo norte de Virgin Gorda, el segundo islote más grande de las Islas Vírgenes Británicas (IVB), marca el último punto de abastecimiento del Caribe. Desde aquí, lo único que queda es el mar abierto (hasta llegar a África o Groenlandia). Es por ello que el acceso a Bitter End –rodeado de una red de arrecifes, cayos y canales– requiere de una pericia náutica que justifica el que se posicione como uno de los secretos mejor guardados de la región. Razón suficiente para que Sir Richard Branson –magnate de la industria aeronáutica (Virgin Atlantic Airways), de la musical (Virgin Records) y, recientemente, también del turismo aeroespacial (Virgin Galactic)– haya comprado Necker y Mosquito, dos de las islas aledañas a Bitter End, para disfrutar de esas aguas cristalinas mientras fondea su catamarán de 120 pies (36 metros) o realiza intrépidas piruetas con su kiteboard en complicidad con amigos como Larry Page (CEO de Google), siempre con la tranquilidad y privacidad que irradia este lugar paradisíaco. Apenas una de los 36 islas que conforman las IVB.